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El drama de los entierros sin familia por la COVID-19

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Cuando un ser querido muere, el poder darle un último adiós significa todo. Pero el coronavirus ha robado a los familiares y amigos  esa oportunidad de una despedida final. Está despojando a los muertos de su dignidad y agravando el dolor de los que viven.

«Esta pandemia mata dos veces», dice Andrea Cerato, que trabaja en una funeraria en Milán. «Primero te aísla de tus seres queridos justo antes de morir. Después no permite que nadie tenga un cierre emocional». Muchas víctimas de COVID-19 están muriendo en aislamiento hospitalario sin la compañía de familia ni amigos. Las visitas están prohibidas por el alto riesgo de contagio.

Aunque las autoridades aseguran que el virus no puede transmitirse póstumamente, todavía puede sobrevivir en la ropa durante unas horas. Eso quiere decir que los cuerpos se almacenan herméticamente de forma inmediata. «Así que muchas familias nos preguntan si pueden ver el cuerpo una última vez. Pero está prohibido», comenta Massimo Mancastroppa, un director de funeraria en Cremona.

Los muertos no pueden ser enterrados en sus trajes finos y preferidos. En su lugar se quedan con la lúgubre e impersonal bata de hospital. Pero Mancastroppa está haciendo lo que puede. «Colocamos el traje que la familia nos trae encima del cuerpo, como si estuviera vestido con este», indica. «Una camisa arriba, una falda abajo».

                            La ropa se coloca encima del cadáver para aparentar que estuvieran vestidos

En esta situación sin precedentes, los directores de funerarias de repente se encuentran fungiendo como un reemplazo de las familias. Reemplazo de amigos. Hasta reemplazo de sacerdotes. Se debe a que la gente allegada a la persona que muere del virus frecuentemente se encuentra también en cuarentena.

«Asumimos todas sus responsabilidades», cuenta Cerato. «Les enviamos a los seres queridos una foto del ataúd que vamos a utilizar, luego recogemos el cuerpo del hospital y lo enterramos o incineramos. No tienen más opción que confiar en nosotros». Lo más difícil para Cerato es no ser capaz de aliviar el sufrimiento de los dolientes. En lugar de contarles a las familias todo lo que se puede hacer, ahora les da una lista de todo lo que no está permitido.

«No los podemos vestir, no podemos peinarlos, no podemos ponerles maquillaje. No los podemos arreglar para que se vean bien y en paz. Es muy triste». Cerato ha sido director de funeraria durante 30 años, como su padre antes de él. Piensa que estos pequeños gestos son muy importantes para los dolientes.

«Acariciarles la mejilla una última vez, tomarles la mano y verlos de manera dignificada. El no poder hacer eso es muy traumático». En esta época de virus, los trabajadores de funeraria muchas veces se ven forzados a reunirse con la familia doliente a uno y otro lado de una puerta cerrada.

No obstante, los parientes intentan pasar por la rendija notas personales, reliquias de familia, dibujos y poemas con la esperanza de que sean enterrados con su madre o padre, hermano o hermana, hijo o hija. Sin embargo, nada de eso se pondrá dentro del ataúd.

Enterrar artículos personales se ha vuelto ilegal. Es una medida drástica, pero fue diseñada para frenar la propagación de la enfermedad. Si alguien muere en casa, todavía se permite la entrada de los trabajadores funerarios, pero tienen que estar completamente vestidos en atuendos protectores: gafas, máscaras, guantes y batas.

                           Los cadáveres de los fallecidos por coronavirus se almacenan herméticamente

Es una escena sumamente inquietante para alguien que acaba de ver a su ser querido morir. Pero muchos trabajadores funerarios se encuentran también en cuarentena. Algunos han tenido que cerrar sus negocios. «Se permite que una o dos personas estén presentes en el entierro, pero eso es todo», informa Massimo. «Nadie se siente capaz de decir un par de palabras, así que solo hay silencio».

Cada vez que puede, intenta evitar esa situación. Lleva el ataúd en auto hasta una iglesia, abre el baúl y le pide a un sacerdote que le dé la bendición ahí mismo. Suele hacerse en unos segundos pues hay otra víctima que espera. Pero los trabajadores de funeraria no han recibido el reconocimiento por lo que hacen. «Mucha gente nos ve como simples transportadores de almas», lamenta Massimo.


ORIGEN AUTORAL:  N/A

PUBLICACIÓN:   www.BBC.com

RECOPILACIÓN: www.AMBIDEXTRAS.org