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‘Venture capital’ española en Silicon Valley

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Adeyemi Ajao dirige Base 10 para invertir en proyectos de inteligencia artificial, en telemedicina, restaurantes, logística o finanzas. A sus 38 años, Ajao se define a sí mismo como “un emprendedor convertido en inversor”. Malagueño de nacimiento, nigeriano por genética, de pasaporte español y con ‘el virus de la aventura empresarial’ que le recorre las venas. Licenciado en económicas y derecho por Icade, tiene un MBA y un título de Machine Learning de la Universidad de Stanford.

Desde niño mostró un especial interés por las matemáticas y la ciencia, y aprendió por su cuenta a programar. En Marbella, donde paso su niñez y adolescencia, ya decían de él que era un muchacho reservado, intuitivo e inteligente. En España se dice que es de esas personas ‘que ven crecer la hierba’. Cofundador de empresas como Tuenti, la red social que hizo que le compararan con Mark Zuckerberg y que vendió a Telefónica por 70 millones de euros, o Identified, empresa de análisis de datos aplicada a recursos humanos, además de inversor en otras como PixableCabify o Job and Talent.

Lleva más de una década en California. En la actualidad dirige Base10, el único fondo de ‘venture capital‘ en Silicon Valley creado por un español y el mayor fondo gestionado por un negro. Se centra en gestionar inversiones en inteligencia artificial. «Desde Base10 creemos que la automatización de la economía real es la mayor oportunidad de inversión de los próximos 10 años», asegura Ajao. «Las empresas ‘inteligentes’ más grandes se construirán en grandes sectores de la ‘vieja escuela’ que tienen menos penetración de tecnología. En Base10 buscamos equipos y proyectos que automaticen estos sectores de la ‘economía real’ como telemedicina, restaurantes, logística, teletrabajo, finanzas entre otros», nos explica.

Adeyemi Ajao representa las dos caras de la moneda de la nueva economía digital, emprendedor e inversor. «Emprender es una de las cosas que más te puede llenar y con lo que he disfrutado prácticamente toda mi vida desde que era un niño en Marbella». Su talento creativo le ha llevado a descubrir dónde y por qué emprender. Ahora, desde Base10, «aunque con el gorro de inversor, seguimos emprendiendo, creando una nueva firma de inversión y ayudando a las compañías y emprendedores a tener éxito, aunque desde una óptica distinta».

«Emprender en un proyecto es un momento muy bonito de la vida, pero también muy estresante. Requiere estar centrado exclusivamente en ese proyecto y en ese sector al 200 %. Desde la posición de inversor, tengo la posibilidad de formar parte de distintos proyectos muy diferentes entre ellos y es tremendamente enriquecedor». Su aventura empresarial empezó en 2006 cuando aún estaba en la facultad. «Todo empezó como un proyecto de varios amigos de la universidad junto con Joaquín Ayuso y Félix Ruiz, cuando teníamos que combinar nuestras obligaciones como estudiantes y el desarrollo de la empresa».

Tuenti fue un enorme acierto. Una startup española que desarrolla una red social que se convierte rápidamente en tendencia. Emprendieron y triunfaron en un camino que parecía destinado tan sólo a los grandes del ‘otro lado del charco’. Los inicios no fueron sencillos, había que superar muchas barreras, recuerda. «Por ejemplo, el desafío o la barrera cultural. Aún recuerdo cuando compartí el proyecto de Tuenti con los profesores, lo primero que preguntaron, ‘¿de qué estaba hablando?’, y dijeron que no debía poner en peligro mi carrera profesional».

Pero el mayor reto al que se enfrentaron entonces fue al de convencer a los inversores de que en España, en la primera década de este siglo, era posible crear una empresa de ese tipo. Plantaron cara a Facebook y llamaron la atención de Telefónica, que la compró por 70 millones de euros. Para entonces Ade, como le gusta que le llamen –aunque en casa de su padre le llaman Yemi– ya tenía puesto su objetivo en acercarse a la meca del emprendimiento y la tecnología: San Francisco. Con 24 años había triunfado con el ‘Facebook’ español y pensaba que su éxito podía ser una buena carta de presentación en Silicon Valley. «Pero tuve que empezar prácticamente de cero», recuerda.

«Aquello es diametralmente opuesto a España, especialmente en 2008. Es un círculo muy cerrado, como un pueblo, y es muy difícil que te tomen en serio si vienes de fuera». Con una beca de la Fundación Ramón Areces pudo realizar un MBA en la Universidad de Stanford, «lo que me permitió enriquecerme como persona, obtener la visa, conocer y establecer múltiples conexiones».

Para Adeyemi el secreto para encontrar el éxito está en rodearse de un buen equipo, de gente bien preparada. Y con esa máxima llegó de nuevo el triunfo. «Salí de allí participando en la creación de dos startups con dos compañeros de clase: Cabify como founding investor, e Identified (una plataforma laboral que se apoyaba en las redes sociales), donde fui el CEO durante cuatro años antes de venderla a Workday«.

Desde su pequeña atalaya en San Francisco, Ade ha visto cómo ha cambiado la percepción que los inversores estadounidenses tienen de los proyectos y emprendedores de España. «Hasta hace unos años no nos tomaban demasiado en serio, nos veían como el Tercer Mundo de temas de internet. Pero el ecosistema español ha evolucionado muchísimo los últimos años, y ya tenemos startups de éxito que están ayudando muchísimo a cambiar la percepción y esto es muy positivo e importante».

En España, y en Europa, se ha perdido el miedo a emprender, nos comenta. El ecosistema español ha evolucionado rápidamente: «Ya no hay estigma en emprender, ya no lo califican de locura irresponsable, se considera algo guay. España rebosa talento tecnológico. Mis amigos españoles no tienen absolutamente nada que envidiar a los fundadores de los gigantes de Silicon Valley. También están emergiendo fondos de capital riesgo muy buenos. Pero hacen falta aún más startups y más fondos».

Ajao aplaude el nuevo impulso de la iniciativa emprendedora en España, pero reivindica, una vez más, la necesidad de inversión pública. «Diría que la principal debilidad de España en este sentido es que el porcentaje de la economía que invierte en tecnología es todavía pequeño». No se considera un ‘triunfador’, ni tiene la ‘varita mágica’ del éxito profesional. Cree que el mejor emprendedor, el que triunfa, es aquel que muestra ganas de aprender e innovar. «Lo importante es la perseverancia, aprender a ignorar el ruido y muchas ganas y energía. Tener humildad y saber rodearse de gente mejor que tú. No rendirte, aunque te digan cien veces no… y ser feliz mientras haces todo eso y mantienes la parcela de tu vida personal».

Sin perder su ‘hambre emprendedora’ ahora en Base10 busca el talento. Pero insiste en que el inversor quiere sobre todo descubrir buenos equipos capaces de ejecutar un producto con tracción real. Es importante que antes de plantear ningún nuevo código, la startup conozca a fondo la industria a la que se destinan. «Es ahí donde los inversores dedican más tiempo para apostar por un proyecto u otro». Su empresa busca equipos y proyectos que automaticen los sectores de la ‘economía real’, que mejoren la sanidad, la logística, las finanzas o el sector laboral.

«Desde Base10 creemos que la automatización de la economía real es la mayor oportunidad de inversión de las próximas décadas. 4.000 millones de dólares de la economía de EEUU se automatizarán en los próximos 10 años.» «La pandemia ha generado un cambio de hábitos forzados en la sociedad. La tecnología ha desempeñado un papel fundamental en sectores clave como la alimentación, restauración o la educación. Las empresas tecnológicas se han volcado a ayudar, por ejemplo, al sector sanitario, a los restaurantes y por supuesto ha ofrecido sus servicios para que la educación no se detuviera. Podríamos decir, que la pandemia ha acelerado o adelantado varias tendencias que venían implementándose desde hace unos años. Estoy convencido de que han llegado para quedarse tras la crisis».

Adeyemi Ajao representa las dos caras de la moneda de la nueva economía digital, emprendedor e inversorTras una década en California sigue buscando ‘sorprenderse’ ante las oportunidades que ofrece especialmente la IA, la tecnología ‘madre’ sobre la que se asienta esta nueva revolución digital. «Desde mi punto de vista, el verdadero propósito de la inteligencia artificial es encontrar los auténticos problemas reales que las personas experimentan todos los días para poder brindar soluciones que proporcionen un cambio significativo para sus usuarios. El objetivo final de la IA es hacer que la sociedad en su conjunto sea fundamentalmente mejor».

Su éxito profesional, nos cuenta, está ligado a conseguir que estos cambios que vivimos y que se avecinan, mejoren la vida en un mundo en el que los procesos de cambio se aceleran cada vez más. «A lo mejor dentro de 20 años ya no es legal conducir y todo es automático. Y los parkings y las gasolineras, que ahora tienen gran presencia en el espacio urbano, dejarán de existir o tendrán que reinventarse». Y concluye rotundo: «Estoy convencido de que en 10 o 20 años el mundo será mejor y en gran parte será gracias a la tecnología».


ORIGEN AUTORAL: Maite Fernández                                  

PUBLICACIÓN: www.ELESPANOL.com

RECOPILACIÓN: www.AMBIDEXTRAS.org