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En pandemia se fortalece el sentir religioso

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«Ahora que la humanidad entera está sometida a un fenómeno que ni los dioses modernos de la ciencia pueden controlar, recurrimos a eso que conocemos por formación o experiencia religiosa, pidiendo la intermediación. Y como la catástrofe es mucho más grande, es más grande también la reacción», explica el docto en Sociología Francesc Núñez, también profesor de  Estudios de Artes y Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y miembro del  Gupo de investigación MEDUSA de la UOC.

Según el CIS, en España ya residen más ateos, agnósticos o no creyentes que católicos practicantes (el 29,1 % frente al 22,7 %), pero no puede hablarse de una sociedad secularizada. Natàlia Cantó-Milà, doctora en Sociología y profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, aclara que «la tesis de la secularización puede aplicarse solamente a unos cuantos países del centro y el norte de Europa. Globalmente no vivimos en un mundo secularizado. Por ejemplo, Estados Unidos es un país muy religioso. Si fuera una sociedad secularizada no tendría una moneda en la que está inscrita la frase «In God we trust»».

Sin embargo, la dimensión religiosa convive con la esfera científica sin contradicciones, especialmente ante circunstancias excepcionales como las que vivimos actualmente. «Cuando sabes que no tienes los medios para superar algo, la diferenciación clásica entre logos y mito se disuelve un poco y te encomiendas a lo que en ese momento, por socialización o por tradición, te ha dado alguna vez confort o una sensación de estar arropado. Y eso no quiere decir que ya no te fíes de la ciencia», explica Cantó-Milà. El vivir en una sociedad tan tecnificada, dominada por los avances científicos, es lo que puede provocar que no mostremos nuestra religiosidad, salvo en circunstancias como las actuales, cuando claramente la ciencia no tiene todas las respuestas.

En opinión del filósofo Miquel Seguró, profesor colaborador de  Estudios de Artes y Humanidades en la UOC, no hay comprensión del fenómeno religioso. «Hay un cierto complejo en relación con la experiencia religiosa, como si se reconociera una debilidad, aunque es todo lo contrario: independientemente de si la religión es o no verdadera, lo que expresa parte del fenómeno religioso es la verdad en relación con la vulnerabilidad, la finitud, la contingencia y la relatividad de la experiencia humana».

Además de estimar en un 22,7 % el porcentaje de católicos practicantes entre la población residente en España, el barómetro del CIS calcula que hay un 44,7 % de católicos no practicantes. Y es parte de este último colectivo el que parece haberse sumado ahora a las manifestaciones de religiosidad. «Hay una «cultura católica» profundamente afianzada en el Estado español, aunque día a día no la practiquemos. En un momento de crisis, podemos recurrir a prácticas religiosas casi olvidadas, como el hecho de rezar, como un acto de recuperar la confianza en la adversidad, por ejemplo», explica Elisenda Ardèvol, miembro del Grupo de investigación Mediaccions de la UOC.

Lo cierto es que el rezo es la práctica ritual a la que más se está acudiendo. Aunque no hay estudios respecto a España, en Estados Unidos una encuesta de la que se hacía eco hace solo unos días The Washington Post afirmaba que, en las últimas semanas, más de la mitad de los estadounidenses había rezado por el fin de la pandemia. Los expertos aducen una razón para ello, y es el efecto terapéutico que consigue este ritual. «Cuando tenemos un problema y estamos muy angustiados, se lo contamos a alguien de confianza o que creemos que puede ayudarnos. Quizás podría establecerse un paralelismo en ese sentido con el rezo, aun asumiendo que hablamos de entidades comunicativas diferentes. Pero ese proceso de comunicación y de descarga ya es en sí mismo terapéutico», señala Seguró.

Comparte opinión con el sociólogo Francesc Núñez, que añade que los rituales ayudan a sentir que estamos haciendo algo ante esa situación que no podemos controlar. «Es una práctica, algo físico que además si haces en voz alta parece tener aún más poder, al igual que los mantras, y te predispone tanto mental como físicamente hacia una buena actitud. El valor del rezo es que tienes una cosa efectiva que hacer. Es hacer algo por los que están sufriendo, por tus familiares y por las personas a quien quieres en general. Como mínimo en lo personal tiene poder», afirma.

El que la religión pueda ayudar, no significa que seamos acríticos con sus instituciones. A pesar de esta reactivación del sentimiento religioso, la gestión de la crisis por parte de determinadas instituciones religiosas no ha cumplido con las expectativas de muchas personas. Basándose en un análisis sobre los ‘tuits’ recopilados hasta el momento, Natàlia Cantó-Milà explica que «como sociedad tenemos la capacidad de manifestar esa necesidad espiritual y a la vez decir que determinada institución religiosa no está gestionando los recursos terrenales a la altura de las circunstancias. Ambas cosas son compatibles», señala la profesora e investigadora  del Grupo de investigación PROTCIS de la UOC.


ORIGEN AUTORAL: Beatriz González

PUBLICACIÓN:   www.UOC.edu

RECOPILACIÓN: www.AMBIDEXTRAS.org