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El Simón Bolívar académico con título de Doctor en Derecho

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El 3 de junio de 1826, la Universidad Mayor de Lima otorgó a Simón Bolívar el título de Doctor en Derecho, por “sus profundos conocimientos en las ciencias jurídicas, autor de leyes y de constituciones”, evocan artículos del historiador Eumenes Fuguet y del jurista Cesáreo Espinal Vásquez, y en su bolivarianismo que los honra, confirman que el Libertador “no recibió un ‘doctorado honoris causa’ sino un verdadero título académico revestido de todas las formalidades legales”, como también afirma la Sociedad Bolivariana del Magdalena, en Colombia. Y surgen las interrogantes: ¿ cuándo cursó y aprobó las materias ? y ¿ cuál fue su tesis doctoral y cuándo la defendió ?. Como se sabe, ese máximo título académico exige mucho estudio y arduas faenas, fatigas y formalidades de investigación académica. Por ejemplo, la Universidad Católica Andrés Bello (U.C.A.B.) en Venezuela, fundada en 1953, en cuarenta años, hasta 1993, sólo otorgó a diez candidatos el título de Doctor en Derecho.

Algunos reconocen la legitimidad académica al Libertador, porque él tenía un gran conocimiento y sentido de la justicia, como lo prueba de modo apodíctico toda su magna vida. En la fraseología de su extensa obra escrita, menudean criterios que evidencian no sólo un admirable conocimiento del Derecho – para quien no era abogado – sino un profundo sentir la fundamental idea o principio ético de la justicia, quintaesenciada en la inmutable voluntad de dar a cada quien lo suyo o su merecido. Unas de sus frases magníficas al efecto que demuestran su notable e ingénita capacidad para juzgar bien, son las siguientes:

a. «La igualdad legal es indispensable donde hay desigualdad física, para corregir en cierto modo la injusticia de la naturaleza”.

b. “La naturaleza hace a los hombres desiguales en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, industria, las artes, virtudes, los servicios, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política social”.

c. “Mi sinceridad es tal, que me conceptúo criminal en todo aquello que reservo. Yo soy un hombre diáfano”.

La última frase citada de el Libertador ratifica su carácter de docto en Derecho, cuando por principio el callar en todo o en parte lo que uno sepa y deba decir, es reticencia o intención maligna por lo general. Y hasta puede constituir el delito de falso testimonio, si el testigo no dice lo que sabe en relación con acciones o hechos sobre los cuales se le interroga.

El espíritu justiciero de Simón Bolívar fulguró con inusitado esplendor al ofrendar su vida a la libertad de su patria y de cinco naciones más e inmolarse en la titánica, larga y harto sangrienta Guerra de Independencia que comandó; y sobre todo lo demuestra el que, una vez lograda esa libertad plurinacional, no a robó las naciones que liberó. Tal desprendimiento es un hecho único en los fastos universales porque, como sentenció Voltaire, “Toda guerra se reduce al fin de robar”. Y en el mundo todos saben –aunque muchos finjan no saberlo– que lema infalible o inmancable de los invasores es guerrear “en nombre de la libertad”, lo cual no les impide saquear a los países “libertados”.

Alboreaba el siglo XIX y la repugnante esclavitud era en América timbre de orgullo e indignante para los “amos” la idea de abolirla. Bolívar mostró con rotundidad su inagotable ánimo de hacer justicia en su varonil lucha por la libertad de los esclavos y fulminó así: “Este delito por todos sus aspectos (…) es la más insigne violación de la dignidad humana. Eternizar este crimen mezclado de suplicios, es el ultraje más chocante. Esa porción desgraciada de nuestros hermanos que ha gemido bajo las miserias de la esclavitud, ya es libre. La naturaleza y la justicia piden la emancipación de los esclavos. Imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.”

El Libertador, muy linajudo y acaudalado heredero, regresó de Francia y vióse dueño de más de un millar de esclavos, pero en justicia los liberó. Y el 6 de julio de 1816 decretó la libertad de todos los esclavos de Venezuela. Por eso EE.UU. boicoteó el Congreso de Panamá propuesto por Bolívar, uno de cuyos fines fue “suprimir en América la odiosa esclavitud” (“Circular de Bolívar a los pueblos americanos”): “Nadie pretenda dar lecciones al respecto. Intentar instruirnos, es insultarnos” (Abridgement of the debates of Congress, Vol. VII, pág. 25, “Sesión secreta sobre el debate de Panamá”).

Para Hans Kelsen, en Derecho, si se produce A (supuesto de hecho) tendrá que ocurrir B (consecuencia jurídica). Y si no se genera B, entonces deberá aparecer C. Es muy importante la aparición de C, pues es el punto esencialísimo de la coacción, que es elemento ineludible y primigenio del Derecho. El genio Bolívar lo expresó así:

a. “La clemencia con los criminales es un ataque a la virtud”.

b. “La clemencia con el malvado es un castigo del bueno, y si es una virtud la indulgencia, lo es, ciertamente, cuando es ejercida por un particular, pero no por un Gobierno”.

c. “La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos”.

 

ORIGEN AUTORAL: Alejandro Angulo Fontiveros, Abogado (U.C.V., 1972), Especialista en Ciencias Penales (U.C.A.B., 1977), Doctor en Derecho (U.C.A.B., 1993), Ex-profesor en la Universidad Santa María,  Ex-Profesor en la U.C.A.B., y desempeñó el cargo de Magistrado de la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela.

PUBLICACIÓN:   www.ELUNIVERSAL.com

RECOPILACIÓN: www.AMBIDEXTRAS.com